domingo, 2 de agosto de 2015

"Los que ponen la plata le creen a Uruguay y confían en su perspectiva"


Acostumbrado a transitar por la avenida Pensilvania de Washington para trabajar en el Fondo Monetario Internacional (FMI) donde se desempeñó por más de una década, el economista Herman Kamil, que dirige la Unidad de Gestión de Deuda del Ministerio de Economía y Finanzas, llegó el jueves más tarde de lo previsto a su despacho en esa secretaría de Estado por la movilización del PIT-CNT en reclamo por el Presupuesto. Con un fuerte ruido de pirotecnia de fondo recibió a El Observador en su despacho y aseguró que la operación de canje de títulos que esta semana concretó el gobierno demuestra que "los que ponen la plata le creen a Uruguay y confían en sus perspectivas", aunque admitió que es un desafío lograr una "consolidación fiscal" en un contexto de suba de tasas de interés en EEUU. 

¿Cómo definiría la situación de Uruguay desde el punto de vista macroeconómico y de posición financiera? Hay analistas que entienden que sin una corrección fiscal la deuda puede adquirir una trayectoria insostenible...
Uruguay está en un proceso de reacomodo en el nuevo entorno global y regional. El desafío que el país enfrenta es procesar el ajuste de precios relativos en la economía, el tipo de cambio real y las tasas de interés, con un aterrizaje suave de la economía. Es importante destacar que Uruguay va a seguir creciendo a pesar de que en la región habrá un panorama recesivo. Históricamente se dio la regla implícita de que Uruguay crecía el promedio de sus vecinos, pero desde 2012 se está verificando un desacople que no es solamente en la economía real, también en los mercados financieros. No creo que haya un problema de sostenibilidad de la deuda. Sí, lo que existe y se ha tomado conciencia, es la necesidad de hacer una consolidación fiscal, que no es un ajuste sino un reordenamiento de las finanzas públicas.
¿O sea que no hay posibilidad de que Uruguay enfrente un problema de sostenibilidad?
No hay problema de sostenibilidad de la deuda. Sí, un desafío de que las tasas de interés reales van a ser más altas y las tasas de crecimiento del Producto más bajas. Eso supone un desafío a la trayectoria de la deuda, pero no vemos un problema de sostenibilidad, sí una necesidad de consolidación fiscal. La posición que Uruguay ha adquirido en la percepción de los mercados y de las agencias calificadoras le da hoy espacio para procesar esa consolidación fiscal que no tenía en 2002, pero no somos complacientes. El hecho de que el país tenga acceso a financiamiento muy bueno y fluido, como muestra la operación que cerró a tasas realmente moderadas en el panorama que estamos viendo –emitimos en nuestra moneda, que se está depreciando– demuestra que los que ponen la plata le creen a Uruguay y confían en sus perspectivas, lo que es muy importante porque en muchos casos son inversores que no viven en el país y hay que ver el contexto en que se dio.
No emitimos en una burbuja. Hay un gigante regional como Brasil que se está deteriorando, uno mundial como China con enormes problemas, expectativas de suba de tasas de interés y otra cosa que muchas veces no se tiene en cuenta: no estábamos emitiendo US$ 20 millones y terminamos emitiendo con un monto típico del que se coloca afuera. 
De todas maneras, usted habló de la necesidad de una consolidación fiscal...
No podemos ser complacientes y por eso existe realmente una conciencia de la necesidad de la consolidación fiscal y racionalización, fundamentalmente de las empresas públicas, tanto operativamente como en la gestión financiera. No vemos una trayectoria insostenible ni explosiva de la deuda, sí la necesidad de una consolidación fiscal para mantener y eventualmente reducir la deuda bruta sobre el PIB. Es muy importante señalar que la deuda neta ha bajado significativamente. Cuando uno se endeuda, en muchos casos recibe liquidez. Hay que ver la posición patrimonial del Estado y en ese caso, la deuda neta se ha reducido significativamente por una acumulación de reservas internacionales, pero porque el gobierno también ha acumulado liquidez, no solo el Banco Central. Pero de ninguna manera somos complacientes. Una calificadora de riesgo nos acaba de mejorar la calificación de riesgo en el mismo momento en que a Brasil le revisó la perspectiva de la nota, es decir, que hay un desacople real en los mercados financieros y también en las calificadoras de riesgo.
En 2002 las calificadoras le quitaron a Uruguay el grado inversor y una década después, con un nivel de déficit fiscal similar, se lo volvieron a dar. ¿Cambiaron los paradigmas en los círculos financieros de poder o es la izquierda uruguaya que seduce a propios y extraños a la hora de manejar la economía con reglas que cuando estaba en la oposición criticó?
No lo sé, me enfocaría en elementos técnicos que las calificadoras toman en cuenta. Es necesario tomar los fundamentos macroeconómicos de Uruguay y las perspectivas, porque la calificación a un país es como un inversor que cuando compra bonos a cinco años, compra futuro. Cambiaron los fundamentos macroeconómicos de Uruguay. En 2002, la economía llevaba cuatro años de recesión y ahora no solo lleva una década de crecimiento sino que muestra un desacople de la región reflejo de la diversificación de la economía y las exportaciones, que nos generan menos dependencia con la región. Eso no quiere decir que estamos totalmente inoculados y estamos viendo lo que está pasando, lo que es normal, porque somos una economía financieramente muy abierta y los inversores muchas veces toman decisiones de portafolio y toman en cuenta los países emergentes, el barrio. Pero insisto con los fundamentos macroeconómicos de Uruguay: hace dos años lidera el ranking en materia de PIB per cápita en la región y esa es una realidad muy diferente a la de 2002. En ese entonces, el sistema financiero estaba muy debilitado y ahora cuenta con una solvencia muy significativa y una fuerte regulación y supervisión.

En el 2002, la deuda pública estaba casi completamente dolarizada y ahora solo la mitad y eso ha sido una variable fundamental para que una significativa devaluación, como la que estamos viendo no genere un salto en la deuda/PIB, porque lo que genera deuda no es solamente el déficit sino también el efecto mecánico cambiario. 
Los analistas ven eso y cómo está preparado Uruguay, y pese a que ven desafíos en el área fiscal, mirándolo en su conjunto ven que es sostenible. Lo otro es el nivel de activos líquidos con los que cuentan el Banco Central y el Gobierno Central. Otra gran diferencia es que Uruguay tiene un tipo de cambio flexible y más allá de que hay que suavizar las volatilidades muy fuertes, lo que la economía está procesando es el ajuste en el cambio de los precios relativos que se necesita. Son las propias condiciones globales que están llevando a eso. No está el riesgo de saltos bruscos de la deuda por el tipo de cambio y además el nivel de reservas permite suavizar volatilidades. Sería naíf desconocer que tuvo un costo fiscal, pero construir ese colchón de liquidez da una fortaleza para manejarse con tranquilidad si hay turbulencias financieras muy importantes como las actuales. Compramos un seguro y ahora se ven los frutos porque la gestión de la deuda es política de Estado. No fue oportunista

 http://www.elobservador.com.uy/

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